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EL POÉTICO MUNDOVISIÓN DE ELENA NARKEVICH

Elena Narkevich nació en la hermosa ciudad de Minsk, la capital de Bielorrusia, en el seno de una gran familia, muy unida y compenetrada, tanto por amor y respeto como por la vena artística que comparten casi todos los integrantes. Muy pronto, ya en la infancia más tierna, empezó a hacer sus primeros esbozos, y comenzaron a afirmarse los brotes de su insólita expresión plástica ante los maravillosos ojos de sus mayores, entregados desde siempre y por la tradición familiar, al aprendizaje y la enseñanza de los fundamentales criterios y más elevados valores del arte, de los cánones estéticos y éticos, que sellarán más tarde su refinada y tan peculiar obra pictórica. Con mucha ternura, Elena recuerda su primera exposición que le organizó su padre cuando tenía tan sólo cinco añitos; hizo para sus pinturas marcos de cartón, las colgó en las paredes de la casa e invitó a todas sus amigas. Hoy en día se acuerda de la timidez con la que, sonrosada, ofrecía zumos y pastelitos a las que ya, en aquel entonces, se hicieron sus grandes admiradoras. Licenciada en Arquitectura por la Universidad Politécnica de Minsk, se entrega plenamente a su profesión, olvidándose por completo del gran talento artístico que había empezado a brotar, pero nunca llegó a florecer. Volverá a coger los pinceles una vez instalada en la Costa del Sol, lanzándose con indecible fervor a la búsqueda de nuevas posibilidades de expresar sus inquietudes y canalizar su enorme energía creadora. Ya en sus primeros lienzos proyecta una desenfadada visión del mundo, −lo que quedará una constante en su trayectoria pictórica−, inspirada en sus recuerdos del pasado cuando aún era niña, recreando y dando formas a los sedimentos de su memoria, para plasmar en el soporte blanco el dulce y prodigioso mundo de su onírica primera edad.

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