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ELENA NARKEVICH

La pintura es una poesía que se ve sin oírla; y la poesía es una pintura que se oye y no se ve; son, pues, estas dos poesías o, si lo prefieres, dos pinturas, que utilizan dos sentidos diferentes para llegar a nuestra inteligencia. Porque si una y otra son pintura, pasarán al común sentido a través del sentido más noble que es el ojo; y si una y otra son poesía, habrán de pasar por el sentido menos noble, es decir, el oído.

Leonardo da Vinci

LA OBRA DE ELENA NARKEVICH EN EL CONTEXTO DEL ARTE NAÏF

Para entender mejor la relación del discurso pictórico de Elena Narkevich, mujer culta con una exquisita formación estética, con el arte naïf, tenemos que poner en correlación su procedimiento artístico con los postulados de este estilo.
Según su determinación, el arte naïf radica en una fuerte vocación creadora que tiende a expresarse, pese a que su artífice no conoce las premisas teóricas del arte que le facilitaría conseguir conscientemente el valor estético de su obra. Un pintor naïf es capaz de desarrollar su peculiar lenguaje poético y conseguir una firme unidad estructural, y sin embargo, no logra superar las limitaciones de su inocente mundo visión que interpreta a través de las ideas generales, centrando su interés en las cuestiones existenciales y en la intrínseca cualidad del objeto.

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